... correspondencia con: Línea 1 a la Lejanía"
Creo que todo aquel que haya viajado en el Metro de Madrid podrá atribuírle bien la entonación al comienzo de mi escrito. Resulta muy curioso, pero en muchas ocasiones creo que la siguiente parada que van a nombrar va a ser la de Silencio. Una observación que vengo haciendo en mi ajetreo diario cuando utilizo este medio de transporte. Es increíble, pero entre tanto usuario nadie se presta a hablar más de lo necesario si surge la ocasión. Sólo lo hacen aquellos grupos de personas que, operando su traslado por el tren subterráneo, se conocen y van o vienen de una situación ociosa.
Mi pregunta es "¿qué clase de sociedad movida por el ajetreo cotidiano no se permite comunicarse?" El Metro sería un lugar excelente en el cual poder intercambiar no solamente vagones, sino pareceres y temas candentes. Pero no es así. Lo positivo que tiene esta aparente quietud de interiorismo expectante es que se ha convertido en un santuario para el disfrute de la lectura de muchos.
La conclusión que saco de esto es que, en general, nuestra tendencia natural es la de no comunicarnos. Pero más allá de hacerlo con completos desconocidos, ni siquiera lo hacemos con la gente que sí conocemos. A más con la gente más cercana a nosotros. ¿Por qué cometemos el error de no expresarnos, de no decir lo que pensamos dentro de una ética correcta? o ¿por qué no expresar nuestros sentimientos? Ni siquiera a las personas más cercanas. A aquellas que llegando a un punto dramático, sabemos que el día que falten habremos desperciado miles de horas en haberles podido decir tantas y tantas cosas.
Pues bien, no me quiero resignar a esto. No me refiero a dejar de hablar con la gente en el Metro (yo también tengo la tendencia natural de toda persona, aunque siempre que puedo hablo con la gente que se presta a ello). Me refiero a poder decirle a aquellos más cercanos que aunque la rutina vele nuestro corazón, mi ilusión de forma general no se va a desvanecer cada vez que les vea.
A día de hoy, no necesito una despedida para sentir que estás muy cerca. Quiero que mi próxima estación no tenga una correspondencia en la lejanía. Quiero que la tenga en la Cercanía.
lunes, 18 de enero de 2010
martes, 12 de enero de 2010
El leer no ocupa lugar...
... y el saber menos, pero es algo que de momento no puedo corroborar en mi haber.
Hoy es un día en el que muy satisfecho de mi trabajo, puedo decir que mi energía se ha consumido casi hasta la extenuación. Quizás sea mucho decir, pero sí es cierto que estoy agotado. No obstante, me apetecía mucho escribir y poder compartir alguna de mis vivencias de hoy. Las mismas no se centran concretamente en algo que me haya acontecido en primera persona, sino que son algunos apuntes de un libro que leo. Por ello no quiero dejar de compartirlo con vosotros, seguro que os aportan el mismo enfoque que a mí.
La Buena Crisis de Álex Rovira
Carta 22, Del yo al nosotros. Pág. 163
"Hay cuatro cosas que no podremos recuperar nunca más...
- UNA PIEDRA DESPUÉS DE HABERLA TIRADO.
- UNA PALABRA DESPUÉS DE HABERLA DICHO.
- UNA OCASIÓN DEPSUÉS DE HABERLA PERDIDO.
- EL TIEMPO CUANDO YA HA PASADO."
El enfoque es claro dentro del contexto de libro. Su dirección: el optimismo ante las oportunidades y la forma de afrontarlas.
Por otro lado, está este estracto, también muy bueno y en el que últimamente creo bastante:
Carta 24, El Sentido: quien tiene un porqué encontrará un cómo. La condición transformadora. Pág. 174
"El amor es como reza una opereta alemana,.
Por todo ello, somos capaces de hacer lo que sea necesario: dejar ser al otro, dejarlo ir, no retenerlo, con lágrimas en los ojos si es necesario, pero con afecto sincero. El tiempo pasa y el amor permanece, los sentimientos se difuminan y el amor permanece, la muerte deshace los compromisos y el amor permanece. ¿Cómo podría un sí sin condiciones convertirse en un no cuando las condiciones cambian, cuando el otro toma un rumbo diferente, enferma o muere= Aquella parte fundamental de la relación mutua que era el amor sobrevive incluso al fin de la relación. El amor es una fuerza todopoderosa que vaga en el aire casi con divinidad."
De todo esto saco una conclusión muy clara. Cada día uno puede aprehender cosas que realmente su alma ya conocía.
Hoy es un día en el que muy satisfecho de mi trabajo, puedo decir que mi energía se ha consumido casi hasta la extenuación. Quizás sea mucho decir, pero sí es cierto que estoy agotado. No obstante, me apetecía mucho escribir y poder compartir alguna de mis vivencias de hoy. Las mismas no se centran concretamente en algo que me haya acontecido en primera persona, sino que son algunos apuntes de un libro que leo. Por ello no quiero dejar de compartirlo con vosotros, seguro que os aportan el mismo enfoque que a mí.
La Buena Crisis de Álex Rovira
Carta 22, Del yo al nosotros. Pág. 163
"Hay cuatro cosas que no podremos recuperar nunca más...
- UNA PIEDRA DESPUÉS DE HABERLA TIRADO.
- UNA PALABRA DESPUÉS DE HABERLA DICHO.
- UNA OCASIÓN DEPSUÉS DE HABERLA PERDIDO.
- EL TIEMPO CUANDO YA HA PASADO."
El enfoque es claro dentro del contexto de libro. Su dirección: el optimismo ante las oportunidades y la forma de afrontarlas.
Por otro lado, está este estracto, también muy bueno y en el que últimamente creo bastante:
Carta 24, El Sentido: quien tiene un porqué encontrará un cómo. La condición transformadora. Pág. 174
"El amor es como reza una opereta alemana,
Por todo ello, somos capaces de hacer lo que sea necesario: dejar ser al otro, dejarlo ir, no retenerlo, con lágrimas en los ojos si es necesario, pero con afecto sincero. El tiempo pasa y el amor permanece, los sentimientos se difuminan y el amor permanece, la muerte deshace los compromisos y el amor permanece. ¿Cómo podría un sí sin condiciones convertirse en un no cuando las condiciones cambian, cuando el otro toma un rumbo diferente, enferma o muere= Aquella parte fundamental de la relación mutua que era el amor sobrevive incluso al fin de la relación. El amor es una fuerza todopoderosa que vaga en el aire casi con divinidad."
De todo esto saco una conclusión muy clara. Cada día uno puede aprehender cosas que realmente su alma ya conocía.
domingo, 10 de enero de 2010
El día a día y el momento que me toca
Sí, sí, sí y mil veces sí.
¿A quién no le encantan las sorpresas que puede llegar a dar la vida? Incluso los momentos más amargos se convierten en especiales cuando se miran desde otra óptica.
Al compartir determinadas vivencias uno se da cuenta de que el mundo es más simple y más pequeño en opciones de lo que imaginamos. Bien es cierto que cada historia lleva la impronta personal de uno, de cada individuo, y de ahí la diversidad de lo que acontece. Te preguntarás porqué llevo esta reflexión a mi bitacora y lo cierto es que yo mismo no sé bien en que divagaciones me he enredado. A veces uno busca dar salida mediante las palabras a cosas especiales que le gustaría contar a gritos, pero por no sé qué muy correctas razones no lo hacemos. Y es aquí por lo que me veo escribiendo.
¿Qué lleva a las personas a no aportar una claridad total a sus sentimientos? ¿Cuáles son los miedos que nos recortan la expresividad? ¿El miedo al ridículo, a pensar que cuando la gente ve a una persona feliz le tachen de ingenuo, de iluso?
Esta semana me he dado cuenta de que todo en esta vida puede ser bonito si se comparte con alguien especial. El amor por una persona, por un amigo, da lo mismo. Pero lo cierto es que desde esa óptica particular que hablaba al principio, aquella en la que realizarse ante lo bueno y ante los contratiempos, es la mejor parte de la vida.
Si algún día lees esto, tú y sólo tú sabrás a quien van dirigidas estas palabras. Por ello quiero darte las gracias, por aparecer en mi vida en algún momento de la misma y llenarla de ilusión aunque simplemente sea eso: un momento.
¿A quién no le encantan las sorpresas que puede llegar a dar la vida? Incluso los momentos más amargos se convierten en especiales cuando se miran desde otra óptica.
Al compartir determinadas vivencias uno se da cuenta de que el mundo es más simple y más pequeño en opciones de lo que imaginamos. Bien es cierto que cada historia lleva la impronta personal de uno, de cada individuo, y de ahí la diversidad de lo que acontece. Te preguntarás porqué llevo esta reflexión a mi bitacora y lo cierto es que yo mismo no sé bien en que divagaciones me he enredado. A veces uno busca dar salida mediante las palabras a cosas especiales que le gustaría contar a gritos, pero por no sé qué muy correctas razones no lo hacemos. Y es aquí por lo que me veo escribiendo.
¿Qué lleva a las personas a no aportar una claridad total a sus sentimientos? ¿Cuáles son los miedos que nos recortan la expresividad? ¿El miedo al ridículo, a pensar que cuando la gente ve a una persona feliz le tachen de ingenuo, de iluso?
Esta semana me he dado cuenta de que todo en esta vida puede ser bonito si se comparte con alguien especial. El amor por una persona, por un amigo, da lo mismo. Pero lo cierto es que desde esa óptica particular que hablaba al principio, aquella en la que realizarse ante lo bueno y ante los contratiempos, es la mejor parte de la vida.
Si algún día lees esto, tú y sólo tú sabrás a quien van dirigidas estas palabras. Por ello quiero darte las gracias, por aparecer en mi vida en algún momento de la misma y llenarla de ilusión aunque simplemente sea eso: un momento.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Cuánto por decir...
... y cuánto por contar, ¿cierto? Vivencias del día a día, cuántas de ellas se quedan en la soledad del olvido. Sí, la soledad del olvido. Es curioso pues el hombre busca solución para todo aquello que le supone un problema y solucionar la soledad del olvido no iba a ser menos. Desde la escritura, pasando por la palabra, hasta el teléfono se han buscado miles de fórmulas para transmitir aquello que creemos verdaderamente importante, todo lo que no debe quedarse en esa soledad del olvido. Tanto es así que podemos transmitir todo lo vanal e incluso mediocre que pasa por nuestras vidas, aunque no por eso le damos más valor a la palabra. Al contrario, cada vez la desvirtuamos más.
Sin embargo, después de tanto hablar y hablar y más hablar, con mucho o poco respeto a la palabra y pasando por alto la ya famosa soledad del olvido ¿dónde van a parar tantas palabras? Realmente después de unos segundos e incluso menos ¿hay algo que evite que las palabras se olviden una vez se expresan? Estoy totalmente convencido que así es, sólo existe un filtro que hace que las palabras no se pierdan en el infinito. Una acción que dota de una excelencia momentánea al verbo: escuchar.
Escribía al comenzar que el hombre soluciona los problemas que hay en su vida, anhela mejorar mediante la técnica latente. No obstante, no tengo tan claro que haya una técnica latente para escuchar. Claro está que existen artilugios con los que se puede escuchar, la propia naturaleza dotó a las personas con el sentido del oído. ¿Qué pobre condición dejó maltrecha a este sentido para que fuera el pasivo de la palabra?
Todos los aparatos y medios están diseñados para poder escuchar, de forma pasiva. Pero su principal función es la de poder hablar. Por ejemplo, el teléfono tiene la función clara de poder llamar a alguien para que te escuche desde lejos. Pero ¿por qué no hay un aparato que llame para escuchar a alguien, un telésono o un sonoafasia? (perdón por mi atrevimiento al inventar palabras).
Quizás el hombre no puede resolver con la técnica lo que no es capaz de resolver en sí mismo.
Definitivamente, debo escuchar más.
Sin embargo, después de tanto hablar y hablar y más hablar, con mucho o poco respeto a la palabra y pasando por alto la ya famosa soledad del olvido ¿dónde van a parar tantas palabras? Realmente después de unos segundos e incluso menos ¿hay algo que evite que las palabras se olviden una vez se expresan? Estoy totalmente convencido que así es, sólo existe un filtro que hace que las palabras no se pierdan en el infinito. Una acción que dota de una excelencia momentánea al verbo: escuchar.
Escribía al comenzar que el hombre soluciona los problemas que hay en su vida, anhela mejorar mediante la técnica latente. No obstante, no tengo tan claro que haya una técnica latente para escuchar. Claro está que existen artilugios con los que se puede escuchar, la propia naturaleza dotó a las personas con el sentido del oído. ¿Qué pobre condición dejó maltrecha a este sentido para que fuera el pasivo de la palabra?
Todos los aparatos y medios están diseñados para poder escuchar, de forma pasiva. Pero su principal función es la de poder hablar. Por ejemplo, el teléfono tiene la función clara de poder llamar a alguien para que te escuche desde lejos. Pero ¿por qué no hay un aparato que llame para escuchar a alguien, un telésono o un sonoafasia? (perdón por mi atrevimiento al inventar palabras).
Quizás el hombre no puede resolver con la técnica lo que no es capaz de resolver en sí mismo.
Definitivamente, debo escuchar más.
martes, 29 de diciembre de 2009
¿De donde se nace o de donde se pace?
Podría ser algo así como: ¿qué va primero, el huevo o la gallina? Pero no, aquí la cosa es bien distinta. No hablo del origen, ni siquiera si es el producto o es el resultado. Hablo de un sentimiento, un anhelo, algo que se recuerda más allá de la memoria. Un paraje que con los años parece más pequeño y que en la memoria más lejano.
Recuerdo aquellos años alejado de lo que sentía con fervor como mi tierra. No puedo olvidar el vuelco al corazón de la entrada por la A3 y ver Rivas Vaciamadrid (Comunidad de Madrid), para los trayectos en coche. No puedo dejar de añorar la visión del Cerro de Los Ángeles (Getafe), para mis trayectos en tren. Sin embargo, tampoco puedo olvidar la extraña y a la vez agradable sensación de cruzar el túnel y aparecer en las faldas de las montañas de San Rafael (Segovia). Ver, en los veranos, y sentir el infinito y amarillo ondulado de la meseta castellanoleonesa.
Sí, mi familia es castellana y yo soy madrileño. Sin embargo, tengo esta misma extraña sensación cuando veo pasar el castillo de Almansa (Albacete) como guardián de lo que me espera más adelante. Porqué negar que mi corazón aún anhela la entrada por el Barranco de la Batalla y la vista del Barranco del Cinc (Alcoy, Alicante).
Creo que sí entenderás el planteamiento de la pregunta en el título si te digo que he vivido en estos sitios. Me sucede con más lugares, en otros muchos emplazamientos, aunque esos son los más especiales. Por ello, creo que aún no tengo claro si uno es de donde nace o de donde pace. Quizás no sean los paisajes y sean las personas con las que uno ha vivido experiencias. En esos entornos vuelve el recuerdo, se alegra el corazón que al poco pasa a la melancolía y a la nostalgia.
¿Cuánto más allá van estos sentimientos entre continentes, países y regiones? Que nos identifiquemos con banderas no es malo, pero prefiero identificarme con las costumbres de mi gente.
Y tú, de dónde eres ¿de donde se nace o de donde pace?
Recuerdo aquellos años alejado de lo que sentía con fervor como mi tierra. No puedo olvidar el vuelco al corazón de la entrada por la A3 y ver Rivas Vaciamadrid (Comunidad de Madrid), para los trayectos en coche. No puedo dejar de añorar la visión del Cerro de Los Ángeles (Getafe), para mis trayectos en tren. Sin embargo, tampoco puedo olvidar la extraña y a la vez agradable sensación de cruzar el túnel y aparecer en las faldas de las montañas de San Rafael (Segovia). Ver, en los veranos, y sentir el infinito y amarillo ondulado de la meseta castellanoleonesa.
Sí, mi familia es castellana y yo soy madrileño. Sin embargo, tengo esta misma extraña sensación cuando veo pasar el castillo de Almansa (Albacete) como guardián de lo que me espera más adelante. Porqué negar que mi corazón aún anhela la entrada por el Barranco de la Batalla y la vista del Barranco del Cinc (Alcoy, Alicante).
Creo que sí entenderás el planteamiento de la pregunta en el título si te digo que he vivido en estos sitios. Me sucede con más lugares, en otros muchos emplazamientos, aunque esos son los más especiales. Por ello, creo que aún no tengo claro si uno es de donde nace o de donde pace. Quizás no sean los paisajes y sean las personas con las que uno ha vivido experiencias. En esos entornos vuelve el recuerdo, se alegra el corazón que al poco pasa a la melancolía y a la nostalgia.
¿Cuánto más allá van estos sentimientos entre continentes, países y regiones? Que nos identifiquemos con banderas no es malo, pero prefiero identificarme con las costumbres de mi gente.
Y tú, de dónde eres ¿de donde se nace o de donde pace?
lunes, 28 de diciembre de 2009
Abriendo boca...
... empezamos este blog en el que intentaré no dejar indiferente a la gente. Porque abriendo boca es la única forma de que se genere la cadena de seguir abriendo bocas. Y aunque no tacharé y evitaré juzgar a nadie, sólo reto a opinar a aquellos que tengan criterio o hayan vivido situaciones que les hayan hecho sentir tan libres como a la vez esclavos de sus sentimientos.
¿Eres tú una de esas personas?
¿Eres tú una de esas personas?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)